Ir al contenido principal

Un poema de Alberto Caeiro

No creo en Dios porque nunca lo vi.
Si él quisiera que yo creyera en él,
sin duda que vendría a hablar conmigo
y entraría adentro por mi puerta
diciéndome: ¡Aquí estoy!

(Esto es tal vez ridículo a los oídos
de quien, por no saber lo que es mirar las cosas,
no comprende a quien habla de ellas
con el modo de hablar que reparar en ellas enseña)

Pero si Dios es las flores y los árboles
y los montes y sol y el rayo de luna,
entonces creo en él,
entonces creo en él a toda hora,
y mi vida toda es una oración y una misa,
y una comunión por los ojos y por los oídos.

Pero si Dios es los árboles y las flores
y los montes y el rayo de luna y el sol,
¿para qué le llamo Dios?
Le llamo flores y árboles y montes y sol y rayo de luna;
porque si él se hizo, para que yo lo vea,
sol y rayo de luna y flores y árboles y montes,
Si él se me aparece como árboles y montes
y rayo de luna y sol y flores,
es que él quiere que yo lo conozca
como árboles y montes y flores y rayo de luna y sol.

Y por eso yo lo obedezco
(¿Qué más sé yo de Dios, que Dios de sí mismo?),
Le obedezco viviendo, espontáneamente,
como quien abre los ojos y ve,
y le llamo rayo de luna y sol y flores y árboles y montes,
y lo amo sin pensar en él,
y lo pienso viendo y oyendo,
y ando con él a toda hora.

**

Alberto Caeiro. Uno de los varios pseudónimos con que Fernando Pessoa (Lisboa 1888- Lisboa 1935) firmó su obra. 

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

El sexo es natural, hay que "sabérselo" ganar

" Los hombres se dividen en mentales y sementales".  José Antonio Ramos Sucre  A propósito de la "crisis" de soledad masculina, las quejas contra las mujeres, la idea de que ellas se han vuelto muy "libertinas e interesadas" (toda la vida ha habido hombres y mujeres en el libertinaje y la superficialidad), y la presión a adolescentes de acudir a trabajadoras sexuales para debutar: La presión contra adolescentes en ese tema (debutar con trabajadoras sexuales) es muy triste, muchos no lo saben, pero es traumático en distintos niveles (y se persigue en algunos lados como abuso sexual de menores, con mucha razón): puede que el chico virgen lo disfrute, pero no tendrá problema en relacionar sexo con transacción monetaria, y ahí ya hay una semilla para la distorsión de valores y una ética sexual laxa la cual es peligrosa per se. El sexo es natural, hay que "sabérselo" ganar, si nos ponemos bilogicistas, tal como suele ser en entornos ideológicos conser...

Escritor invitado: "Nos agarró la historia", por Juan(cho) José Barreto*

Inventar todas las atracciones posibles para conversar. Esta frase me gusta para condensar la intención de mis cartas, antigua manera de comunicarse a pesar de las distancias. Escribirle a Usted es una invitación, no un desafío. Sacudo mis lenguajes para tratar de decirlo mejor. La carta es el papel que imaginariamente circulará por toda la casa, esta intención revelará sus límites y nuestros sentimientos de querencia. En la disposición de ser útil, sobresale la necesidad de apropiarnos de nuestra biografía, es decir de nuestra vida y de nuestras decisiones. Los proyectos políticos de uno y otro lado han logrado fragmentar la casa nacional y su unidad es una ilusión televisada. “Se nos olvidó sumar” es la frase de un amigo para referirse a la división como estrategia dominante. Entonces, veo en estas cartas un modo de acercarse, crear la relación para afinar técnicas de reunión que nos permitan adelantar el camino hacia el patio de la casa amenazada. Regreso al espacio de la opinión ...

"El mundo y sus demonios"

Terminé "El mundo y sus demonios" de Carl Sagan, que coescribió con su esposa Ann Druyan. Es el libro más hermoso, nutritivo y de fácil lectura, mas no corto, que he leído en un rato. Fuera de ciertos sesgos pro estadounidenses (yo poseo sesgos anti estadounidenses) , que en el fondo apelan a personajes respetables como Thomas Pain o Benjamin Franklin, o a valores humanos sin distinciones étnicas (Sagan era consciente de que EE. UU. era necesariamente un país multiétnico, y esto le agradaba), es un perfecto libro de izquierda, no apto para esa izquierda reaccionaria y conspiranoica, esa que no sabe vivir sin religión y por eso ha optado, desde los bolcheviques, por el dogma ideológico. Su postura, de una finura ética e intelectual indiscutible, le hacen un libro indispensable para pensar y aspirar al progreso científico, social y político, a la empatía y a la hermandad de toda la humanidad, en términos comprometidamente racionales.