La vanidad (excluyamos esa que hace preocuparnos por nuestra apariencia, que creo es la más inofensiva de las vanidades: centrémonos en la que hace mirar al otro por encima del hombro) es la peor cualidad que puede poseer un artista, un pensador, un intelectual: denota una gran ignorancia sobre el para qué del trabajo propio, sobre los irremediables límites que neuro-fisiológicamente poseemos como especie; coincido con todos aquellos que han dicho, socráticamente, que mientras más conocemos, más conscientes nos hacemos de nuestros límites, por lo tanto de nuestra ignorancia. Me encantaría cambiar todo lo que sé , a lo Descartes... El artista, el pensador, el intelectual, tienen una función primordial para la humanidad: inspirar humildad y sed de creación y de conocimiento. Nunca podré encontrar honestidad en el trabajo de aquel que encuentra a la poesía, o lo trascendental, que es lo mismo, en las relaciones sociales más que en la misma poesía; nunca podré conf...
Espacio para la reflexión en torno a distintos tópicos de interés humanista.