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Mostrando las entradas etiquetadas como Edward Maldonado

Descarnado y El muerto. Dos relatos, por Edward Maldonado

         Descarnado y El muerto. Dos relatos           Descarnado Siempre observaba al crítico literario e imaginaba su mundo, su habitación de estudio como una sala quirúrgica. Un día pude entrar a ella y verlo leyendo; subrayaba y marcaba con separadores. Con gestos inusuales y hasta graciosos diseccionaba y extraía frases, palabras, letras coaguladas. Me miró sorprendido y vino hacia mí muy alegre a saludarme como de costumbre. En silencio pude detallar su ropa manchada atrozmente de sangre de libros. Miré hacia la mesa y allí agonizaban hasta que se desvanecían. El Muerto El tío siempre nos había contado muchas historias acerca de la muerte, de los santos misterios y la razón de la vida. Siempre nos causó curiosidad eso de la vida eterna y el juicio final: un Dios justiciero sobre una enorme nube, junto a un ángel que haría sonar una trompeta. Nos contaba que tal día sería un caos...

El fantasma (relato). Por Edward Maldonado

El fantasma             Llegó apurado a la sala de espera. El viejo banco del centro carecía de toda clase de calidez. Contaba con dos taquillas blancas en donde se podía encontrar tras su ventanilla, a pequeños seres solitarios, sonrientes y siempre prestos a atender. Llegó muy agitado. Noté de inmediato que le invadían pensamientos dolorosos; era un hombre de baja estatura y ropa desarreglada que me indicaba que venía corriendo. Al comienzo, abrió la puerta aparatosamente. Los presentes que permanecían rígidos en sus asientos advirtieron el ruido y se limitaron sólo a cambiar de posición. Llegó asustado, mirándolo todo. Sentí pena al detallar su rostro colmado de nostalgias. Detalló bien el lugar, los demás permanecían estáticos, una que otra mirada sobre el hombro, o de esas fugaces, cómplices y maliciosas. El rostro de aquel hombre me hacía imaginar universos de soledades.  Luego suspiró y se calmó por completo. En ese momento s...

La vara del conjuro final (relato). Por Edward Maldonado

La vara del conjuro final           Las cucarachas habían sido un maleficio en casa. De eso estaba segura la tía Carmen, quien muy ingenuamente mostraba su habilidad en detectar los malos augurios y a pesar de ser la menor, era de naturaleza siniestra e inocente. La tía Eulalia -la del medio- era la conocedora de las esencias, polvos, y a cada uno le conocía las propiedades para ahuyentar o atraer cosas. Temilda, la mayor y más sabia de las hermanas, propuso y aplicó una vara gruesa a la que llamó   La vara del conjuro final.   Éste era el instrumento con el que mis tías mataban a las cucarachas: una vara de madera maciza con la que las aplastaba, con tal precisión, ferozmente, y así aseguraban el debilitamiento de tal brujería, magia negra, conjuro o como se le quisiera llamar. Anoche salí al patio trasero a cepillarme los dientes como de costumbre a la misma hora. Tomé la tapara, la llené de agua y ...