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Mostrando las entradas etiquetadas como Literatura Latinoamericana

Poemas sueltos 2009: una selección

Foto por Cynthia Muciño Esquivel Poemas sueltos 2009: una selección ***** galopa una certeza la vida es una experiencia antes de la conciencia en medio de algo inmenso y largo no es sólo esto sería muy poco para lo que ya es su proporción indica algo más algo más que sentir en otro lado plano árbol o altura hay algo por los dioses no creados, hay algo no es tan poco hoy lo siento última página hay once cuerdas en un dedal son rodar una esfera cristalina contenida de despreciable sustancia para el cristiano maniatado desprevenido piso-dijo el hijo informe que traía el cuello tirando de la espalda hacia el pelo y la sonrisa era coincidencia que en el dolor germinara en el momento aquel en que once cuerdas se creían materia entre la nada para maniatado descalzo en celda y piso la brisa o la vida no es complicado explicar que se roza la brisa o la vida          ...

Monólogo del emigrante venezolano

Escultura por Bruno Catalano Monólogo del emigrante venezolano Me voy del país y aun no me lo creo. Es que ya tiene fecha el vuelo, y no me lo creo. No he preparado nada para ese viaje porque… no me lo creo, no lo acepto… Siento que es tan absurdo esto de irme de donde pertenezco, me inquieta pensar que este ya no será mi clima cotidiano, que voy a tener que aprender nuevas direcciones, que la forma de ser, de hablar… y hasta de mirar de las gentes no va a ser la que conozco; nunca hubiese comprendido lo que es sentir que voy a extrañar a esos extraños de la calle, esos que no conozco pero que  son  los de mi calle; esos, que como yo, no tienen sino cédula de identidad en vez de pasaporte. Ahora yo voy a tener pasaporte. Visa, no sé cuándo. Los planes que tenía acá ya no existen, porque los planes no se quedan o se trasladan a ningún sitio, ellos se dan o nunca existieron… Me voy y no puedo creerlo, me duele, tanto… Siento que dejo el amor, mi trabajo, mis pasiones…...

Tres poemas, tres odios

El Saturno de Goya                 Tres poemas, tres odios ** Odio por odio y es mala moneda Es la que me han permitido tener en el bolsillo Odio es lo único que me queda es que con él se paga todo lo que hay en esta tierra Odio es la tasa de cambio el crédito más rentable Odio, a mí que tanto me gusta amar pero el amor es para los pobres los pobres pobres que siempre serán que se van haciendo y se suman porque aunque odio es la moneda va despojando a pedazos en el devenir de odiar más ** Odio los dos países en los que he nacido Los odio porque no me sostienen, están en la tierra pero no son suelo de nadie A uno lo odio porque ya no existe Al otro porque parece odiar a sus hijos y yo, que apenas conozco a este como padre empatizo con la descendencia de Saturno     ** A los pobres se les humilla y es que               siempre  an...

Es momento de habitar la ausencia; Diez poemas de Cynthia Muciño Esquivel

"Espacios para habitar la ausencia". Instalación, por Cynthia Muciño Esquivel.  Toluca, Edo. de México, 2016 Fotografía: Edgar Santiago Valdez Es momento de habitar la ausencia ; Diez poemas de Cynthia Muciño Esquivel ** En la casa retumba el eco del silencio sobre las paredes como la voz que nunca emito retumba en mi cabeza. ** El polvo es la piel de los objetos. ** El tiempo dejaba de existir cuando despertaba y la cama me contenía. Era la cama la piel quemada del día anterior. La piel que queda en el colchón. La piel que excreta el cuerpo mientras sueñas. Es el sueño , es el día. El día que se acumula en la piel. ** Como si el caos fuese ese movimiento que le da vitalidad al espacio. El caos es habitarse. ** Es momento de habitar la ausencia tejiendo sobre un cuerpo blanco, sin memoria. "Amnesia". Intervención, por Cynthia Muciño Esquivel. Mérida, Yucatán, 2006. ...

La pantaleta intelectual

                                                    La pantaleta intelectual I Sólo una pantaleta quedaba. El estante se veía  vacío o casi vacío. Las vendedoras daban bostezos en coro de ese lado de la tienda. Todo lo nuevo desaparecía. Al otro lado pantalones, camisas, blusas… se vendían rápidamente. Era tal el entusiasmo de las personas por comprar,  que mujeres y hombres se peleaban entre ellos para adquirir la mercancía nueva. Parecían poseídos por una fuerza superior. Los estantes vacíos o casi vacíos del lado de las  camisas y pantalones se iban limpiando… En los estantes de ropa interior quedaban pocos trajes de baño de una pieza, unos sostenes, ligueros negros y rojos, unas pantaletas de moda, y unas que tenían varios veranos e inviernos en el mismo lugar, estantes a los que nadie siquiera se acercaba a observar ...

Descarnado y El muerto. Dos relatos, por Edward Maldonado

         Descarnado y El muerto. Dos relatos           Descarnado Siempre observaba al crítico literario e imaginaba su mundo, su habitación de estudio como una sala quirúrgica. Un día pude entrar a ella y verlo leyendo; subrayaba y marcaba con separadores. Con gestos inusuales y hasta graciosos diseccionaba y extraía frases, palabras, letras coaguladas. Me miró sorprendido y vino hacia mí muy alegre a saludarme como de costumbre. En silencio pude detallar su ropa manchada atrozmente de sangre de libros. Miré hacia la mesa y allí agonizaban hasta que se desvanecían. El Muerto El tío siempre nos había contado muchas historias acerca de la muerte, de los santos misterios y la razón de la vida. Siempre nos causó curiosidad eso de la vida eterna y el juicio final: un Dios justiciero sobre una enorme nube, junto a un ángel que haría sonar una trompeta. Nos contaba que tal día sería un caos...

El fantasma (relato). Por Edward Maldonado

El fantasma             Llegó apurado a la sala de espera. El viejo banco del centro carecía de toda clase de calidez. Contaba con dos taquillas blancas en donde se podía encontrar tras su ventanilla, a pequeños seres solitarios, sonrientes y siempre prestos a atender. Llegó muy agitado. Noté de inmediato que le invadían pensamientos dolorosos; era un hombre de baja estatura y ropa desarreglada que me indicaba que venía corriendo. Al comienzo, abrió la puerta aparatosamente. Los presentes que permanecían rígidos en sus asientos advirtieron el ruido y se limitaron sólo a cambiar de posición. Llegó asustado, mirándolo todo. Sentí pena al detallar su rostro colmado de nostalgias. Detalló bien el lugar, los demás permanecían estáticos, una que otra mirada sobre el hombro, o de esas fugaces, cómplices y maliciosas. El rostro de aquel hombre me hacía imaginar universos de soledades.  Luego suspiró y se calmó por completo. En ese momento s...