Ir al contenido principal

Escritor invitado: "Ciudadanía", por Camilo Hurtado Lores*

El reconocido autor Allan R. Brewer Carías, haciendo referencia a Eugenio Hernández Bretón (La Constitución de 1999, Derecho Constitucional Venezolano, Tomo I, Cuarta Edición, Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 2004, Pag. 220), define la ciudadanía de la siguiente manera: “… es el vínculo político que se establece entre una persona y el Estado, que le permite participar en el sistema político. Por ello, el ciudadano es esencialmente el venezolano”, agregando que la condición de ciudadano corresponde a los venezolanos hábiles en derecho, no sujetos a interdicción civil ni a inhabilitación política.

Según esta opinión el concepto de ciudadano radica en el vínculo político que se establece entre una persona y el Estado, vínculo que le permite participar en el sistema político.
La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela indica las formas de participación política; entre otras: el sufragio, la asociación con fines políticos y la manifestación.

Este concepto de ciudadanía tiene su base en el artículo 39 constitucional, donde se apunta que los venezolanos bajo las condiciones indicadas ejercen la ciudadanía y en consecuencia son titulares de derechos y deberes políticos; lo que implica que el término ciudadano, en ese sentido, es privativo de los  venezolanos.

Esta definición, desde esa perspectiva es inobjetable. En efecto, si se tiene la nacionalidad venezolana se tienen derechos políticos y se pueden ejercer de la forma como lo establecen la Constitución y las Leyes; sin embargo, parece dejar un vacío en otros aspectos.

El artículo 21 del mismo texto constitucional indica que todas las personas son iguales ante la Ley y que se dará el trato oficial de ciudadano o ciudadana, sin diferenciar si se es venezolano o no. En tal sentido, de este artículo se desprende un aspecto que amplía el concepto de ciudadanía, cuando se hace referencia al término “trato”. Evidentemente esta norma se refiere es “al trato”, no a ningún derecho político. En consecuencia, el concepto no sólo debe aceptarse como un vínculo político entre una persona y el Estado, sino que también tiene que tomarse en cuenta el trato (tratamiento de comunicación, de convivencia, de sociabilidad, de cortesía) que debe recibir toda persona, bien sea nacional o extranjero; tanto del Estado como de las demás personas.

Así como, desde el punto de vista de la constitución, el término “ciudadanía” no sólo se refiere al vínculo —como se asume en el concepto citado al principio— sino también al trato, debe entenderse también que, al ser el ciudadano un habitante, un vecino o un poblador, éste tiene derechos y deberes que van más de allá del vínculo político; acrecentando el concepto de ciudadanía. 

El término ciudadanía —con fundamento en la mención de “trato” establecida en el artículo 21 citado— se tiene que determinar por el hecho de que el ciudadano es el centro de atención de toda la organización y del funcionamiento del Estado; que es la razón de ser de éste, lo cual debe reflejarse en acciones concretas que vayan en su beneficio, tales como el ejercicio de la libertad y la seguridad personal en todos sus aspectos, así como en la garantía de que se dé cumplimiento al ejercicio de sus derechos.

Para que el concepto de ciudadanía pueda estar completo, debe tomarse en cuenta la obligación primaria del Estado de respetar y garantizar los derechos humanos de todos sus pobladores; y de impartir una educación privilegiada y completa que prepare al ciudadano para desenvolverse durante toda su vida en la sociedad, en la familia y personalmente; desde el punto de vista profesional, material y espiritual. Una educación destinada a lograr objetivos prácticos de convivencia en paz y en libertad e impulsar el desarrollo del país en lo técnico, en lo científico y en lo cultural. Asimismo, el término debe abarcar la obligación del Estado de dar cumplimiento a los demás derechos inherentes a todo ser humano, como lo son: la salud, el trabajo y los económicos.

Visto como el centro de atención del Estado, el ciudadano debe estar también altamente compenetrado con los valores cívicos, obligado a asumir determinadas conductas en favor de la familia, de su comunidad y del país; estar al tanto de los pequeños, regulares y grandes problemas locales y nacionales, e involucrarse y comprometerse en la búsqueda de soluciones; ser un cumplidor de la ley y promotor del respeto a ésta, del respeto a la dignidad humana y del progreso del país. No debe ni puede permanecer apático ante las situaciones que afectan al común, por muy pequeñas y cotidianas que sean, porque paso a paso éstas van allanando el camino a la destrucción. 

En un concepto amplio de ciudadanía el funcionario público tiene que jugar un papel preponderante; él es la cara del Estado, es quien lo representa ante el ciudadano que no tiene esa categoría, por lo que debe actuar como un verdadero servidor, mostrando el más alto nivel de respeto y de educación, la más alta formación en cuanto al ejercicio del cargo que ostenta se refiere; siempre con la visión de que el desarrollo del país depende, en gran medida, de  su comportamiento.


*Camilo Hurtado Lores es Abogado y escritor, Mgs. en Derecho Laboral. Juez Titular de Primera Instancia jubilado. Profesor universitario. Atraído siempre por la literatura ha escrito dos poemarios, un libro de cuentos y cuatro novelas. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El sexo es natural, hay que "sabérselo" ganar

" Los hombres se dividen en mentales y sementales".  José Antonio Ramos Sucre  A propósito de la "crisis" de soledad masculina, las quejas contra las mujeres, la idea de que ellas se han vuelto muy "libertinas e interesadas" (toda la vida ha habido hombres y mujeres en el libertinaje y la superficialidad), y la presión a adolescentes de acudir a trabajadoras sexuales para debutar: La presión contra adolescentes en ese tema (debutar con trabajadoras sexuales) es muy triste, muchos no lo saben, pero es traumático en distintos niveles (y se persigue en algunos lados como abuso sexual de menores, con mucha razón): puede que el chico virgen lo disfrute, pero no tendrá problema en relacionar sexo con transacción monetaria, y ahí ya hay una semilla para la distorsión de valores y una ética sexual laxa la cual es peligrosa per se. El sexo es natural, hay que "sabérselo" ganar, si nos ponemos bilogicistas, tal como suele ser en entornos ideológicos conser...

Esto es idiosincrasia

C. Kirk. Tomado de Wikipedia  Si lo del mensaje en las balas es cierto, incluida su asociación a Antifa, y terminó cometiendo este crimen, en el asesino de C. Kirk nos podríamos encontrar con un chico que creció en un entorno ideológicamente radical, y así lo parece; aparentemente cambió de enfoque ideológico los últimos años, y esa justificación de la violencia con la que creció ahora la dirigió en otra dirección: sus valores familiares no pudieron cambiar de un día a otro, incluido su conocimiento sobre armas, adquirido en su entorno cristiano y conservador. La mayoría de atentados y balaceras en Europa y Estados Unidos, son perpetrados por hombres blancos, incluso algun@s trans autores de éstas balaceras, se adscriben a ideologías supremacista, porque sí, hay trans de derechas, gays homofóbicos, y empleados que no ven nada de malo en que les quiten la mayor parte de su plusvalía. El asesino de C. Kirk parece ser una persona absolutamente confundida. Pero jamás sabrem...

Sobre el artista conocido y desconocido: Trascendencia: más allá de la mercancía

Imagen cortesía del artista plástico y poeta trujillano Edward Maldonado              Sobre el artista conocido y desconocido:               Trascendencia: más allá de la mercancía*             ¿De cuántos Vallejos, de Rokhas, Ramos Sucres nos hemos perdido a lo largo de la historia, porque ellos, de pura timidez o subestimación propia, hermetismo de sus personalidades o falta de “contactos” editoriales, no pudieron ver la luz en unas páginas de un libro propio ni ser disfrutados por lectores ávidos de palabras penetrantes? ¿Cuánto placer en buenas lecturas ha quedado ausente sin ser este medianamente sospechado? ¿Cuántos críticos y lectores no pudieron haber elevado la importancia de tantas obras perdidas por desconocimiento de su existencia, por nunca haber llegado a sus manos, ojos y sensibilidades? La fortuna nos ha legado en centurias a enor...