Sin teoría y estudio riguroso como un bien común entre los individuos, no es posible alcanzar ningún orden social justo y efectivo.
La experiencia vital y cotidiana no son suficiente para organizarnos fuera de nuestra individualidad, y en ese espacio, sólo en ese espacio, el colectivo, es posible la supervivencia y el confort que hace menos de cien años ya es posible para toda la humanidad. La vergüenza histórica es que la humanidad logró crear excedentes de todo, pero no ha podido acabar con la mal nutrición ni con la explotación irracional de seres vivos y recursos.
La crisis humana constante, y posiblemente la base de las demás, es de orden cognitivo. Vivimos narcotizados por los vapores de nuestra subjetividad mal formada e informada*, autocomplaciente, perezosa para ponerse a prueba, y sobre todo, poner a prueba, cuestionar como ejercicio de responsabilidad, lo que aquellos en posición de poder, afirman.
La valentía es primero una característica cognitiva, no performática.
* La religión, por ejemplo, es en sí una pedagogía del engaño: sostener el creer sin exigir evidencias más que el consenso de la cultura y la tradición como un valor o principio admirable, debería ser considerado terrorismo cognitivo: creer sin evidencias para ello es una correcta definición de lo irracional.
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